

FICHA TÉCNICA
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Título:
El aullido inaudible
Miembros del equipo:
Lucía Palma Sánchez (Estudiante de ingeniería), Irene Ugolini Sánchez-Barroso (Doctoranda y artista), Diego Ruíz-
Acosta Catalán (Artista), Juan Francisco Ojeda Jiménez (Arquitecto), Manuel Cid Medrano (Doctorando y artista)
Científico:
Dra. Beatriz Roncero Ramos
Departamento de Biología Vegetal y Ecología
Semilla:
Medioambiente_22 “Biocostras, la piel del suelo”
Técnica:
Escultura mixta, audio y sitema de detección arduino. Dibujo e impresión digital
Medidas:
250 x 250 cm
SEMILLA

LA VISIÓN DE LOS CREADORES DE LA OBRA
En tanto que planteada como una obra física y transitable con la concienciación de su público como objetivo principal, El Aullido Inaudible utiliza el sonido como punta de lanza a la hora de llamar la atención de sus espectadores. Su cuerpo lo constituyen un esqueleto de mallazo, invisible bajo los pies de quienes lo transitan, y una sólida mezcla de látex y tierra autóctona que pretenden emular, como una suerte de simulacro de realidad, la inconspicua apariencia de uno de estos ecosistemas invisibles.
Atraído a pisar la instalación tal y como augura el cómic que acompaña la instalación, los primeros pasos del espectador accionará dos sensores ultrasónicos que transmiten una señal a una placa Arduino Uno que, a su vez y por medio de un relé, activará una placa reproductora de MP3 y un altavoz de conducción ósea. Este circuito reproduce una pista que le confiere a la Biocosta algo de lo que nunca ha podido valerse: una voz propia.
Sonidos pregrabados de quejidos y lamentos acompañan la estética pseudo-realista del suelo falso cuando se le pisa, su intención la de despertar la conciencia de su público por el micromundo que existe bajo sus pies y que sufre, ignorado y desconocido, las consecuencias tanto del cambio climático como del paso del individuo incauto.
El folleto-cómic se convierte en un elemento múltiple, al mismo tiempo divulgativo en sí mismo y parte inalienable del todo, y es su lenguaje cómico y ligero el que ayuda a acercar el mundo de la Biocostra a quienes apenas acaban de descubrirlo. En tanto que móvil y ameno, anima a que ese mismo público conserve el papel y lo lleve consigo, expandiendo su realidad más allá de los límites de la galería; allá donde, de otro modo, su Aullido nunca se habría podido escuchar.

LA VISIÓN DEL COMISARIO SOBRE LA OBRA
EL AULLIDO INAUDIBLE
La visión del comisario sobre la obra
El arte es sensible de tres maneras: la primera, como conocimiento –la estética nació en el siglo XVIII como ciencia del conocimiento sensible tomando al arte como paradigma de tal conocimiento–; la segunda, como ámbito de la sensibilidad, entendida desde ese mismo siglo como el registro que aunaba lo sensitivo con lo afectivo –la sensibilidad artística–; la tercera, la sensibilización, propia del arte que asume su función social y crítica y que se presenta como un modo legítimo de visibilización o de movilización de las conciencias. El aullido inaudible asume las tres sensibilidades aportando conocimiento, sutileza y conciencia hacia una realidad tan extensa como inadvertida, la de las biocostras, las comunidades de microorganismos, algas, hongos, musgos, líquenes y cianobacterias que habitan en la superficie de ecosistemas generalmente áridos o semiáridos.
Los integrantes del proyecto, que provienen de las artes visuales, la arquitectura y el diseño industrial quieren, no obstante, que el objetivo –conocer, comprender y cuidar esos ecosistemas invisibles que pisamos sin cuidado– matice todo lo que de poético y formal haya en la obra, impidiendo que atendamos únicamente a la contemplación de la pieza instalativa. Por eso han dispuesto los elementos de tal forma que nuestros cuerpos queden excluidos de una integración con la obra, a la altura de nuestros pies y de nuestra cabeza. Y, aun así, hay un trabajo conceptual que no excluye lo poético: los colores de la tierra, lo real, lo tangible, aquello a proteger, en contraste con el azul de los focos que cuelgan, irreales e ideales, símbolos de nuestras mentes, y también semejantes a lágrimas vertidas sobre el suelo simulado.
La voluntad divulgativa hace que los autores de la instalación se apoyen más en la cultura del proyecto, en las maneras de pensar y de actuar propias del diseño, que en las del arte autónomo, de ahí que confíen en que la pieza sea utilizada como un artefacto que incida de manera efectiva, y no sólo simbólica, en los usos cotidianos.
